¿Cuáles son los síntomas de las infecciones de transmisión sexual en las mujeres?
Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) en las mujeres pueden presentar una amplia variedad de manifestaciones clínicas, muchas veces sutiles o incluso ausentes, lo que dificulta su diagnóstico t
Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) en las mujeres pueden presentar una amplia variedad de manifestaciones clínicas, muchas veces sutiles o incluso ausentes, lo que dificulta su diagnóstico temprano. Entre los síntomas más frecuentes se incluyen secreción vaginal anormal —ya sea aumentada en volumen, con cambio de color (amarillenta, verdosa o grisácea), olor fétido (especialmente en la vaginosis bacteriana o la tricomoniasis) o consistencia espumosa o granulosa—. También son comunes el prurito vulvovaginal intenso, la disuria (ardor al orinar), el dolor pélvico crónico o durante las relaciones sexuales (dispareunia), y sangrado intermenstrual o poscoital.
Otras señales de alerta incluyen úlceras, vesículas o verrugas genitales visibles —típicas de infecciones por herpes simple tipo 2 o virus del papiloma humano (VPH)—, así como linfadenopatía inguinal bilateral o unilateral. En casos avanzados de infección por *Chlamydia trachomatis* o *Neisseria gonorrhoeae*, puede desarrollarse la enfermedad inflamatoria pélvica (EIP), caracterizada por fiebre, dolor abdominal inferior bilateral, náuseas y signos de irritación peritoneal.
Es fundamental destacar que hasta el 70 % de las infecciones por clamidia y gonorrea en mujeres son asintomáticas, lo que incrementa el riesgo de complicaciones a largo plazo, como infertilidad, embarazo ectópico o dolor pélvico crónico. Por ello, las guías actuales recomiendan cribado anual en mujeres sexualmente activas menores de 25 años y en aquellas con factores de riesgo —como múltiples parejas, uso inconsistente de preservativo o antecedente previo de ETS—, independientemente de la presencia de síntomas.
Ante cualquier alteración persistente en la salud genital, es indispensable acudir a un profesional sanitario para evaluación clínica, pruebas diagnósticas específicas (como PCR en muestra endocervical o vaginal, cultivo o test rápidos) y tratamiento adecuado, evitando la automedicación y garantizando la notificación y tratamiento conjunto de las parejas sexuales.